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Mostrando entradas con la etiqueta El vuelo de la amapola [Mercedes C. Belloso]. Mostrar todas las entradas
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viernes, 13 de septiembre de 2019

  • 13.9.19
Hay un dicho popular que dice “cría fama y échate a dormir” que pienso que viene muy bien para el caso que vuelvo a retomar, después del primer artículo que dediqué a los autónomos y que ha generado algunos comentarios que me gustaría aclarar con una segunda parte en la que abordaré otros conceptos relacionados.



Tenemos la fea costumbre de meter a todos y todas en el mismo saco, de manera que cuando hablamos de algo, tendemos a englobar y maximizar, extendiendo nuestros dichos populares a todos sin excepción. Así, cuando decimos “todos los hombres son iguales” –es el primer ejemplo que me ha venido a la cabeza, no hay ningún trasfondo en el mismo– caemos en la injusticia de la generalización.

Igual ocurre en este tema. Cuando hablé de los autónomos, algunos lectores dijeron que me había quedado "corta" en mi análisis, ya que no había hablado de los autónomos que tienen grandes ingresos. Y sí, es cierto: no me referí a esos autónomos, aunque lo hice de forma consciente ya que, como bien indicaba en mi artículo, prefería centrarme en los pequeños, en aquellos que se enmarcan y se comparan con los grandes aunque no tienen ni una tercera parte de sus ingresos. Y es que estos pequeños autónomos son englobados por Hacienda y por la Seguridad Social en el mismo régimen que los que tienen mayor facturación, algo que me parece totalmente injusto.

En el centro urbano de cualquier pueblo de España observamos locales comerciales que abren y cierran constantemente, con actividades distintas. Se trata, en muchos casos, de emprededores que buscan una oportunidad de supervivencia en el trabajo por cuenta propia y que, muchas veces, terminan cerrando sus negocios agobiados por los impuestos y las tasas que pagan, ya que las ganancias de su trabajo acaban, en gran medida, en las arcas públicas.

Algo no está funcionando. En mi opinión, falta formación y seguimiento hacia estos emprendedores que, en ocasiones, y por desconocimiento, no gestionan bien sus negocios. No obstante, es obvio que se exigen demasiados impuestos para los pequeños emprendedores, que se enfrentan al mismo porcentaje de impuestos que los grandes, es decir, aquellos cuya facturación supera con creces los 1.000 o 2.000 euros de ganancia con respecto a uno pequeño.

Por ello creo que hay que hacer reformas en las leyes para los autónomos y diferenciar entre los pequeños y los grandes e, incluso, entre los medianos. Para ello, y como ya dije en el artículo anterior, además de estas reformas, se hace necesario que se pueda contribuir por factura emitida, remitiendo los impuestos y retenciones como también las cuotas en relación a lo que se factura.

De esta forma, se podría fomentar de forma eficiente que las personas que hoy día trabajan de manera clandestina, bajo la economía sumergida, pudieran darse de alta en el régimen de autónomos sin tener miedo a los impuestos que deben afrontar y pagar solo por lo que facturan.

Otra de las cuestiones a las que me refería y que quiero profundizar es la diferencia y discriminación que existe actualmente entre el asalariado y el autónomo. Y aunque es cierto que se han producido grandes avances en las leyes para el sector, aún es mucho el camino que hay que recorrer, ya que la diferencia de las pensiones por jubilación son el primer detonante de la discriminación que existe en el sector. No en vano, un autónomo cobra hasta un 40 por ciento menos que un asalariado. Mucha diferencia.

La Agenda 2030 defiende la necesidad de avanzar como sociedad “sin dejar a nadie atrás” y, como podemos observar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), hay varios puntos específicos que nos hablan en sus metas de la erradicación de las desigualdades; de poner fin a la pobreza en todas sus dimensiones y de promover el trabajo decente y digno, lo que implica que desde la mirada de la Agenda 2030 y con el compromiso adquirido por España como uno de los 193 Estados firmantes para su implementación, se hace necesario analizar este sector, al igual que otros, promoviendo la igualdad de condiciones entre todos los sectores.

En España es muy común escuchar frases despectivas sobre los empresarios. En Andalucía, por ejemplo, aún persiste en el imaginario colectivo la figura del señorito y, en ocasiones, dentro de ella se engloba a algunos autónomos que, de forma valiente, se embarcan en la aventura de ser emprededores, poniendo en riesgo su propio capital y moviendo la economía y el trabajo.

Es verdad que existen fraudes, sí, pero no podemos decir que todos los autónomos son fraudulentos por el simple hecho de intentar buscar las oportunidades que en muchas de las ocasiones el sistema donde viven no les da ni les facilita.

Hablar de emprendedores y de trabajo es hablar del siglo XXI, ya que son muchas las carreras universitarias y los másteres que promocionan y educan a sus alumnos para ser emprendedores y tener su propio negocio, con lo cual, creo que estamos viviendo en un siglo con costumbres y leyes de siglos pasados, lo que hace que la agilidad con la que el Estado tendría que intervenir para que exista un verdadero bienestar se convierte en muros que hay que ir derrumbando.

Por desgracia, hay muchos colectivos que defienden más el pasado que el presente y se sienten ofendidos por las medidas que se puedan tomar y, como consecuencia, las posibles propuestas que se pudieran hacer sobre la mejora de los sectores como el de los autónomos se quedan siempre a medias y sin grandes avances.

Se hace necesario, pues, que trabajemos los ODS y la Agenda 2030 para romper con estereotipos y avancemos hacia las demandas reales de las personas en nuestros municipios. Para ello, tenemos que contar con todos y todas y construir una hoja de ruta democrática y participativa, con transparencia y con la legitimidad del pueblo, escuchando las demandas y luchando para mejora de los colectivos locales y sectores como el de los autónomos, lo que dará como resultado municipios más fuertes y capaces de gestionar desde y para las personas, dejando de lado las ideologías y participando de un proyecto de todos y todas.

MERCEDES C. BELLOSO

viernes, 6 de septiembre de 2019

  • 6.9.19
Nadie elige dónde nacer, aunque no podemos decir que no hayamos intentado descifrar estos códigos a lo largo de la historia. Y es que es sabido por todos que son muchos los grandes científicos que han intentado descifrar el porqué de nacer en un lugar u otro. Además, son muchas las disciplinas científicas y no científicas que intentan dar respuesta a estas preguntas, sin haber alcanzado, de momento, ninguna conclusión firme y contundente que sostenga que nacemos en tal o cual lugar porque es lo que nosotros elegimos. Incluso me atrevo a decir que muchos de nosotros nos hemos preguntado alguna vez por qué nacimos donde nacimos. Lo cierto es que aún quedan muchos enigmas que se escapan a nuestras privilegiadas mentes.



Sea como fuere, el lugar en el que nacemos es ese maravilloso microespacio en el universo en el que nos construimos como personas y como seres. Sin lugar a dudas, por esa dependencia de los otros con la que nacemos, somos seres sociales por naturaleza, y aprendemos de y a través de esas relaciones que vamos ejerciendo a lo largo de nuestras vidas.

El municipio, la sociedad y el núcleo familiar en el que nacemos son portadores de una historia, que es rica en conocimiento y en costumbres y constituye un soporte importante para el desarrollo de la persona, involucrándola de lleno en ese acontecer cotidiano y en un aprendizaje evolutivo que le lleva a poder tener herramientas para convivir en la sociedad a la que se pertenenece.

La familia es el soporte vital de aprendizaje del individuo desde el momento en que es concebido, de ahí la importancia del grupo familiar y de sus aportes a la construcción de los sujetos. Se trata de una transmisión sin precedentes desde los primeros meses de vida y, debido a esa dependencia con la que nacemos los seres humanos, estamos en permanente interacción con la retroalimentación de conocimiento que nuestro grupo familiar nos va transmitiendo gracias el vínculo que nos une.

El municipio, su cultura y los grupos que se mueven dentro del mismo son otra parte importante en la construcción de nuestro yo, así como de nuestro yo social. Por eso, la importancia de territorializar las acciones y políticas públicas resulta fundamental.

El municipio es, en definitiva, el microespacio donde el ser humano se forja como ser individual y social, donde realmente se pueden producir los cambios. Estamos siempre reclamando leyes para todo aquello que no nos gusta o que se sale de lo que históricamente está bien visto y aceptado. Sin embargo, son pocas las veces que buscamos el cambio desde la interactuación y el vínculo, llegando en muchas de las ocasiones a ignorar por completo que no existe cambio que sea firme y prolongado en el tiempo si no existe una necesidad social que lo impulse.

El valor más grande que hasta ahora existió es el de la familia, ocultando tras estas instituciones familiares grandes secretos que han transcendido de generación a generación. Pero, por suerte y poco a poco, los modelos de familia están cambiando, convirtiéndose en grupos más abiertos, más responsables con la gran labor que desempeñan en la construcción de sus miembros y, por tanto, liberando a los futuros ciudadanos de las grandes cargas históricas que reprimían y enfermaban al individuo.

Para Pichón Rivière, el ser humano se define como social a partir de la concepción del sujeto, que se va configurando en la trama compleja de los vínculos y en la red que se entreteje alrededor del mismo. Siempre se ha entendido que la Psicología Social es la psicología de los grupos y no es así: la Psicología Social, aun en el caso del menor de sus átomos, es el vínculo pero, también, es el sujeto en su mundo interno-externo y la forma en la que se constituye como tal en los diferentes procesos de interacción.

Estos apuntes sobre Psicología Social nos vienen muy bien para ratificar la importancia de trabajar desde los municipios y desde los grupos de pertenencia para que los cambios sean posibles. La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son locales, están diseñados y son para las personas.

Los ODS no son grandes retos que no se van a poder realizar: son problemas de la vida cotidiana, de la vida de los municipios que hay que solucionar y que, en consecuencia, nos ayudarán a tener municipios más volcados con sus ciudadanos y ciudadanos más involucrados con sus políticos, que se centrarán en trabajar para y por las personas.

Por tanto, tenemos las herramientas y, entre muchas otras, está la Psicología Social, que nació en Estados Unidos gracias a aquellos científicos que se fueron huyendo de la Guerra Civil y buscando respuestas a las causas que motivaron este conflicto armado. Esta corriente fue tomando fuerza y consistencia en toda América pero, sin embargo, en los países europeos aún la consideran como una materia menor dentro de la Psicología, fruto de esa absurda manía europea de querer meter todo en compartimentos estancos.

En conclusión, si verdaderamente queremos que desastres como el del Amazonas, el de la listeriosis o el del Open Arms dejen de existir, tenemos que comenzar a compartir conocimientos y experiencias científicas que nos ayuden a llegar a los municipios y a sus personas (a sus ciudadanos) para que desde la interacción podamos cambiar los microespacios de pertenencia, convirtiendo esos pequeños gestos en grandes acciones con resultados efectivos desde y para las personas.

MERCEDES C. BELLOSO

viernes, 30 de agosto de 2019

  • 30.8.19
¿Quién no ha escuchado alguna vez en su pueblo, a un vecino, conocido o algún familiar, decir que ser autónomo es pésimo? Yo creo que todos, en alguna ocasión, lo hemos escuchado. Y nos preguntamos cuánto hay de verdad en lo que dicen. Por un lado, tenemos lo que leemos; por otro, lo escuchamos tanto en las noticias como en otros muchos medios de comunicación.



Las economías de los países se sustentan en gran medida en los autónomos, evidencia que está ampliamente contrastada y, sin embargo, los dichos populares y el sentir social es que ser autónomo solo beneficia a los grandes, pero perjudica seriamente a los emprendedores de capital cero.

En cierto modo, creo que hay mucho de razón en lo que se cree y se dice y, también, mucho de información a medias o mal captada, porque ser autónomo es una tendencia que se está imponiendo con más fuerza en los municipios.

También es cierto que el autónomo o la autónoma no tienen los mismos privilegios que los asalariados, algo que tiene que empezar a cambiar desde los gobiernos con políticas públicas que apoyen a este sector de forma valiente y contundente, siendo la vía más factible para acabar con la economía sumergida y con la precariedad en el trabajo.

Aún persiste en la sociedad y en las mentes sociales que ser autónomo es como la zurrapa del trabajo, desvalorando la gran labor que hace este colectivo que no es pequeño en España y tampoco en Andalucía. Generadores de renta y de trabajo necesitan de cambios drásticos que les den la oportunidad de tener una vida digna y una jubilación tranquila.

El sector achaca parte de sus males a la retención de IVA, a su declaración trimestral, y a otros impuestos. Sin embargo, los beneficios para un colectivo tan activo son aprobados con cuentagotas, sembrando la duda de muchos emprendedores que se plantean si ese es el camino o es mejor ser funcionario y tener la vida resuelta.

Sin embargo, cada vez son más los centros de emprendimiento y asesoramiento para la creación de start-up que vemos en los municipios de Andalucía, lo que crea una controversia muy elocuente: por un lado, ser autónomo es arriesgarse con los recursos propios del emprendedor; y por otro lado, si sopesas los beneficios de ser trabajador por cuenta ajena o trabajador por cuenta propia, se llega a la conclusión de que el que trabaja para otro tiene muchos más beneficios que el que arriesga.

El mundo está cambiando y la forma de trabajar, también. Si queremos acabar con la esclavitud laboral, con las discriminaciones en el ámbito del trabajo e innovar en los territorios, se hace necesario cambiar los conceptos en tiempo y forma.

Las mujeres siguen siendo las grandes perjudicadas en toda la vorágine de condiciones laborales:, si eres joven, te explotan y te pagan menos que a un hombre; si tienes más de 45 años, ya comienza a hacerse difícil encontrar un puesto de trabajo digno; y si sobrepasas los 50, es difícil –por no decir imposible– que una empresa te contrate. Con lo cual, la vía de escape es entrar en el mundo de las autónomas donde, lógicamente, las cosas no son fáciles, ya que sigue existiendo una discriminación que, en este caso, es doble: la de ser mujer y autónoma a la vez.

Hace poco tiempo conocí una institución andaluza que tiene representatividad en todo el territorio español que se dedica a la defensa de los autónomos y autónomas. Me parecieron muy interesantes las reivindicaciones que proponen para que sean analizadas y aprobadas.

Fue ahí donde me di cuenta de que el miedo popular a ser autónomo está basado en la no apuesta seria y contundente de los políticos con el sector. Las instituciones están apostando e incentivando a los jóvenes para que se hagan emprendedores y autónomos y, sin embargo, aún hoy día en el siglo XXI, se trata de un mundo incierto y lleno de discriminación.

Las necesidades de los autónomos a ser reconocidos con leyes y políticas públicas que les garanticen, por ejemplo, cotizar por ingresos reales o pensiones y prestaciones sociales dignas son un camino que es necesario recorrer hasta llegar a ser y tener las mismas condiciones que un trabajador por cuenta ajena.

La lucha por erradicar las desigualdades y la decadencia laboral y de la vida de las personas comienza cuando un Gobierno y su país apuestan por las personas y por darles las mismas oportunidades a todos y todas sin distinción alguna. Es por eso que se hace necesario, si realmente queremos avanzar e incorporarnos al siglo XXI, tomar actitudes que faciliten ese cambio y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida de las personas.

El desarrollo sostenible, la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son claros y contundentes con el trabajo y las oportunidades de trabajo dignas. De hecho, establecen la necesidad de consolidar y apostar por los autónomos en las municipios de España, donde cada vez las oportunidades de trabajo son menores, lo que hace que muchos de ellos se estén quedando despoblados, dado que nuestros grandes talentos se están escapando a grandes multinacionales.

El territorio al que pertenecemos es el espacio idóneo para crear, innovar y desarrollarnos, porque es el espacio donde se mueven las emociones y éstas mueven y fomentan la creatividad. Pero, para ello, se hace necesario que exista una apuesta firme y apartidista que no solo fomente el trabajo autónomo sino que también apueste por el sector. Y apostar no es solo facilitar el cómo darse de alta en la Seguridad Social o bajar las cuotas: es dar al colectivo la posibilidad de tener una vida cotidiana digna y una jubilación llena de tranquilidad.

A lo largo de la historia, las mujeres hemos tenido un gran peso en la sociedad en lo que se refiere al trabajo y al emprendimiento. Hoy día, cuando son las grandes multinacionales las que mandan en los mercados, se nos está vetando la posibilidad de trabajo en muchas de las facetas de nuestras vidas: cuando somos madres, cuando estamos en edad fértil. Y ahora, por muy cruel que parezca, pero es real, se nos veta el trabajo a partir de los 50 años porque consideran que ya no somos productivas.

Esta realidad es devastadora e incompresible en el siglo XXI, ya que se ha demostrado científicamente que nuestra vida se ha alargado en 20 años y que los 50 años es la edad ideal, porque en ella convergen la experiencia con la sabiduría, un cóctel ideal para emprender y desarrollar grandes proyectos, con la fuerza y la vitalidad que da saber lo que realmente se quiere del trabajo y de la vida.

El desarrollo sostenible, el desarrollo de nuestros municipios y la posibilidad de dotar a nuestros hombres y mujeres de herramientas para que puedan crear e innovar pasa por mirar más allá de unos ministerios, de los cuatro años que dura una Legislatura. La sostenibilidad converge y se une a los nuevos desafíos a través de grandes apuestas que comienzan en el ahora y que se consolidan a lo largo de los años, posibilitando estabilidad e ilusión y ganas de mirar hacia el futuro.

MERCEDES C. BELLOSO

viernes, 23 de agosto de 2019

  • 23.8.19
Hoy día –tanto a nivel mundial como a nivel municipal– existe una verdadera preocupación por el despoblamiento y el abandono de la historia de los municipios que conlleva, además, un paulatino éxodo hacia las grandes urbes. Se habla mucho de la búsqueda de soluciones, de cómo se podría evitar que estos pueblos sean lugares desérticos o en peligro de abandono, siendo en su mayoría lugares rurales, donde realmente se trabaja por la vida humana a través de la producción de alimentos.



Sin embargo, a pesar de la importancia de los espacios rurales, son aún muy pocas las acciones que se realizan para mejorar la calidad de vida de los residentes y el hecho de esta afirmación está en el asombroso número de pueblos y zonas rurales que existen en España, al igual que en muchos países de Europa, despoblados y en serio riesgo de despoblamiento.

Por otro lado están los y las jóvenes, que no encuentran su espacio dentro de estos municipios. Y no hablo solo de oportunidades de ocio y diversión, que es hacia el lugar del pensamiento que se van muchos cuando se habla de juventud. Muy al contrario: hablo de la verdadera problemática con la que se encuentran estos jóvenes a la hora de construir y luchar por ocupar un espacio en la sociedad.

La falta de empleo, el desplazamiento que tienen que efectuar a las ciudades para completar su formación, lo costoso que pueden llegar a ser los estudios superiores, la movilidad que en muchas de las ocasiones es pésima, siendo aún peor en los municipios rurales y alejados de la gran ciudad, como también la falta de Administraciones cercanas que les orienten y acompañen a la hora de emprender, amortiguando y ayudando desde el acompañamiento y la formación continuada en territorio a estos jóvenes en el miedo natural que nos inculcan desde pequeños al fracasar como emprendedores, todo eso hace que estos jóvenes, muchas veces acompañados de sus progenitores, tomen la decisión de salir del pueblo (abandonar) y buscar oportunidades en las grandes ciudades.

Este éxodo, sea en solitario o acompañados de la unidad familiar, hace que la persona ya no se desarrolle de forma sana porque ya lleva consigo el dolor que produce el desarraigo, lo que vuelve a la persona, como ya sabemos, o más fuerte o más vulnerable.

Lo que sí es cierto que esas grandes ciudades cada día está mas masificadas, lo que conlleva que no existan tantas oportunidades como en principio se creía, a lo que podemos añadir una frustración más, que es la de que se tengan que dedicar a buscar oportunidades en otras áreas que no son para las que fueron formados, además de los salarios bajos y la sobrexplotación a la que son sometidos.

Los jóvenes son fundamentales y muy necesarios para paliar la problemática actual de despoblamiento. Son muchas las soluciones que se proponen, pero la verdad es que no son suficientes ni valientes, lo que hace que se queden en superfluas soluciones que palían temporalmente problemas puntuales, sin llegar a profundizar de forma real y efectiva, haciendo que sean de larga y prolongada existencia.

Lo que verdaderamente necesitamos es ser valientes, crear políticas públicas que verdaderamente apoyen y ayuden a estos jóvenes a quedarse y desarrollarse en su municipio, dando alas a sus creatividades y a su imaginación para emprender e innovar dentro de la idiosincrasia de su entorno.

Una cosa es conocer el mundo, viajar y conocer otras culturas, e incluso fomentar a aquellos jóvenes que quieran conocer y vivir en otros lugares, a tener que emigrar por obligación, porque en tu municipio no hay oportunidades ni futuro, llevando ya consigo y para todo su existencia el dolor de no sentirse perteneciente a ningún lugar, porque el lugar donde creció y donde se sentía feliz lo tuvo que abandonar para poder comer y tener una vida digna.

Esta problemática tiene solución, es parte de un proceso de cambio, en el cual se tienen que involucrar de forma eficiente y contundente los políticos, viendo mas allá de una siglas políticas y pensando de forma holística, tal y como es el mundo y el municipio que quieren dejar a las nuevas generaciones.

Ya no hay tiempo: se nos está agotando. Cada día que pasa es un día menos que tenemos para poder dejar un mundo más humano, más sostenible y equitativo para nuestros jóvenes. Estamos en el siglo XXI, en el que ya no nos valen las políticas autoritarias llenas de egocentrismos partidarios. Queremos políticos capaces de negociar más allá de los cargos y de las carteras.

Queremos políticos capaces de sentarse a hablar de las personas, de un futuro para todos y todas; políticos valientes que dejen atrás el espejo de sí mismos y los suyos para ver que es posible cambiar las cosas, sin prisa pero sin pausas.

Queremos políticos que se sienten hablar con la ciudadanía, con los distintos colectivos, con los jóvenes y no para prometer y no hacer, o para hacerse una foto de portada de periódicos y sí para escuchar y construir conjuntamente. Queremos políticos capaces de ir más allá, para ver que existen muchos otros capaces de pensar y ayudar a construir un mundo lleno de oportunidades.

Cuando nacieron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030, surgió una oportunidad de ver las cosas desde otros ángulos, dando una visión de 360 grados al territorio. Es cierto que muchos aseguran que la Agenda 2030 no es una solución, que ahora es la Agenda y después será otra cosa. Y puede que lleven razón en cierto modo.

Pero esta herramienta que representan los ODS es una oportunidad para comenzar el camino. Un camino que ya nos da muchas pistas de cuáles son las bases fundamentales de un cambio de paradigma y el que todos y todas estamos involucrados. Debemos pensar en las personas, en el planeta, en la paz, en la prosperidad y en las alianzas.

Es el momento de comenzar y, con esta nueva hoja de ruta, lograr que nuestros jóvenes tengan las oportunidades que verdaderamente se merecen y no las que nosotros creamos. Porque este nuevo siglo es el siglo de la participación y de la transparencia, en el que todos somos parte.

MERCEDES C. BELLOSO

viernes, 16 de agosto de 2019

  • 16.8.19
El municipio es el espacio donde se desarrolla el acontecer humano, donde nacen y emergen las culturas, donde se frustran o renacen viejos sueños. El municipio puede ser el lugar donde nacemos y nos desarrollamos, o puede ser el lugar donde decidimos criar a nuestros hijos. Es tal la importancia de los municipios que es en ellos donde se puede encontrar lo mejor del ser humano: la solidaridad, la cooperación, el grupo, la familia...



El municipio es un espacio que, si es grande, se subdivide en barrios, lugares donde se encuentran las personas y se intercambian los vínculos; y si el municipio es pequeño, se trata de un lugar donde todos y todas se conocen en mayor o menor medida.

Es tal la importancia de nuestros municipios que si hacemos una comparativa entre la violencia de las grandes urbes y los pequeños municipios, podremos visualizar en las estadísticas que los delitos son mucho menores en los municipios y en la zonas rurales. Y también podemos apreciar que la mejor manera de pasar desapercibido es en los grandes municipios y en las ciudades, ya que el volumen de gente es mayor y, por tanto, es más difícil controlar a las personas que habitan ahí.

El municipio –sea rural, rural-urbano o urbano– es muy importante a la hora de hablar de arraigo, identidad, cultura y educación, lo que nos lleva a ver cuán necesario es trabajar y desarrollar acciones dirigidas a este entorno, así como a los barrios de las ciudades medias y grandes.

Para ello, se pueden subdividir las zonas en pequeños barrios con grandes arraigos de identidad, trabajando las políticas públicas desde estas administraciones y dotando de la formación y herramientas necesarias para paliar problemáticas como el trabajo, la educación, la salud, el cumplimiento con las administraciones... prestando el mayor número de servicios a la comunidad.

Sin embargo, es muy triste ver que la deuda total de los ayuntamientos de España asciende a cerca de 21.000 millones de euros. Ello nos hace preguntarnos qué es lo que está pasando para que los ayuntamientos tengan endeudadas las arcas públicas: ¿Es una mala gestión? ¿Es falta de formación? ¿Es una falta de planificación? ¿Es una visión a cortísimo plazo?

Sea cual sea el problema que lleva a muchos ayuntamientos a endeudar sus arcas públicas, se hace necesario tomar tierra y comenzar a planificar, con una visión a largo plazo y de forma holística, ya que para cualquier ciudadano que paga sus impuestos, que cumple con sus obligaciones públicas, se le hace muy difícil pensar que todo ese dinero que paga a través de tasas e impuestos no es suficiente para desarrollar acciones sino que está sirviendo para pagar deudas que, en su mayoría, vienen de una mala gestión y de una banal planificación.

No vamos entrar en la valoración de si es que hay más sueldos y sobresueldos de los que un ayuntamiento puede soportar; no vamos a entrar en la valoración de que es muy posible que los ayuntamientos pequeños y medianos no dispongan de personal cualificado para redactar proyectos... Pero sí vamos a entrar en la necesidad de planificar y crear espacios abiertos de encuentro entre los políticos y la ciudadanía, ya que para llevar a cabo una planificación a largo plazo –y que no sea destruida por gobiernos futuros, sino que pueda ser fomentada con nuevas acciones– se hace necesario que la ciudadanía se involucre y, al mismo tiempo, sea intermediaria que arbitre y exija.

De esta forma, pensar primero en las personas, dejando el partidismo y la búsqueda de votos, para dar paso a la sana y profunda reflexión social de los votantes y de sus mejoras y aportaciones innovadoras, así como a la planificación que los propios ciudadanos, con la ayuda de los técnicos del Ayuntamiento, han decidido que es lo mejor para su pueblo.

Y es que una planificación a largo plazo necesita de la implicación de todos y todas, planificando de forma abierta y responsable el municipio que quieren. Esta iniciativa es una propuesta valiente y atrevida, que necesita de un gesto profundo de transparencia y humildad, además de un profundo trabajo con la ciudadanía para hacerlos partícipes y parte de un proyecto conjunto.

Por otro lado, tenemos que hablar de la importancia de la universidad, ese espacio de creación de documentos científicos que, en su mayoría, tienen un destino infértil e incompresible para los no académicos. La universidad es un espacio necesario e imprescindible para trabajar la planificación local a largo plazo, mientras que el político tiene que trabajar a nivel local, optimizando los recursos, creando acciones para atraer la participación, desarrollando políticas públicas que le ayuden a la misma, gestionando y trabajando en las distintas áreas para saber cuáles son las necesidades reales del municipio...

En efecto, la universidad es el espacio de investigación y creación. Para ello se hace necesario que baje de su peldaño de conocimiento y se convierta en un espacio abierto y constructivo real, trabajando codo a codo con los municipios y sus ciudadanos, con las empresas locales, para que hagan una verdadera apuesta de adaptación a las exigencias del siglo XXI, identificando demandas y ofertas de empleo para adaptar la formación local a las necesidades del territorio e investigando el territorio y los nuevos yacimientos con que cuenta.

En definitiva, se trata de crear microespacios de encuentro en los que la ciudadanía, el municipio, los representantes políticos, los funcionarios y la universidad trabajen conjuntamente en la planificación del territorio. Proponemos, por tanto, que la universidad baje al municipio y trabaje junto a él, creando municipios fuertes y llenos de oportunidades para las personas.

Para trabajar y planificar el municipio que queremos para nosotros, para nuestras familias y amigos se hace necesario que todos y todas nos involucremos y sintamos que el proyecto a largo plazo es nuestro proyecto, porque somos parte, participamos y somos escuchados al mismo tiempo que aprendemos de los demás.

MERCEDES C. BELLOSO

viernes, 26 de julio de 2019

  • 26.7.19
Hasta no hace muchos años se había insistido en el origen romano y visigodo del municipio, no obstante, el origen del municipio se encuentra en el proceso repoblador iniciado por los monarcas asturiano-leoneses, hasta llegar al valle del Duero durante los siglos IX y X. Esta acción repobladora supuso la aparición de numerosos núcleos de población que serían los futuros municipios.



A estas entidades, eminentemente rurales, los reyes de Asturias y Aragón les otorgaron determinados privilegios de inmunidad, y en virtud de los mismos quedó prohibida la entrada en ellos a los funcionarios reales. Cualquier observador podría deducir de estas palabras que el problema local está resuelto en España. 

Pero la realidad es que existen serias dificultades, no como en los tiempos pasados, sino las que se deducen de la falta de diseño definitivo del modelo de organización territorial del Estado, que supondría una adecuada distribución de competencias y recursos financieros entre los tres poderes existentes: central, autonómico y local.

Don Enrique Orduña Rebollo

* * * * * *

Los municipios con los que soñamos son aquellos en los que la vida transcurrE de forma tranquila y segura. Son muchas las veces que confundimos estos conceptos con conformismo, mientras que el municipalismo se alimenta de un baño optimismo y progreso, rehogando su afán de superación en el entusiasmo de tener un territorio lleno de oportunidades y que permita retener los talentos, dotarlos de herramientas y de políticas públicas que les posibilite planificar a largo plazo, ejecutando además estrategias para la organización del territorio como base de nuevas acciones llenas de oportunidades.

El municipio es el pilar fundamental para construir una vida digna. Y gracias a esta realidad se pueden romper con muchos estereotipos y limitaciones que nos impiden ver más allá de lo que ya entendemos que es el municipio. Responder a las demandas de hoy es parte de un proceso de crecimiento que lleva al gobierno local a una estancia superior. Se hace necesario que la financiación y los recursos que se generan en el mismo se queden casi en su totalidad en ese ámbito, buscando otros mecanismos de financiación para el Estado.

La autonomía municipal es parte indisoluble de un crecimiento sostenible y humano que nos permita ver el gran potencial de los territorios, desde su base, desde “lo municipal”. Son diversas las acciones que se pueden realizar en el municipio para que se convierta en espacio ecosostenible. El desarrollo de iniciativas emprendedoras, el fomento al autoempleo, la creación de espacios públicos de fomento y orientación a los emprendedores, la incentivación de espacios sostenibles... son algunos de los ejemplos que se pueden desarrollar en los municipios.

Los municipios son espacios llenos de oportunidades en los que las empresas y los autónomos pueden iniciar sus actividades, siendo espacios más económicos que las grandes ciudades. Pero para que esto sea sostenible se hace necesario que los gestores locales trabajen políticas públicas locales que exijan a estas empresas la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y, de esta forma, que sean socialmente responsables, con el territorio, con los trabajadores y con el medio donde desarrollan su actividad, aplicando las acciones que sean necesarias para no crear impactos nocivos en el medio ambiente.

Cuando hablamos de la Agenda 2030 y de los ODS hacemos referencia al desarrollo humano; estamos hablando de un cambio del modelo, de paradigma, que actualmente se está trabajando por una forma más sostenible, en la que los municipios y espacios rurales comiencen a ser el centro de las acciones y políticas públicas, por el simple y al mismo tiempo complejo hecho de que es en los municipios, en el territorio, en los espacios rurales, donde viven las personas.

El desarrollo de proyectos y acciones que vayan enfocados en la planificación del territorio y en la promoción del municipio, fomentando la vocación territorial y afianzando el acontecer socioeconómico que ya existe en el municipio, son parte fundamental de cualquier plan estratégico que tenga como objetivo el crecimiento sostenible.

El municipio es el espacio más directo del acontecer de los impactos medio ambientales y, al mismo tiempo, donde más rápidamente se pueden paliar y solucionar. Si vemos los municipios como espacios indefinidos no podremos concretar acciones más directas; sin embargo, en los espacios territoriales es donde realmente se pueden producir grandes cambios.

Un gran ejemplo de lo que exponemos es la posibilidad de recoger los excrementos animales en granjas, residuos que tienen un efecto negativo en el suelo por los gases que contienen y que perjudican a la larga el suelo y que pueden llegar a través de las aguas fluviales a los ríos y afluentes contaminándolos con estos gases.

Otro de estos impactos que podemos mencionar como mero ejemplo es el de los residuos que produce un taller mecánico: los aceites que se derraman al suelo, los neumáticos, las basuras que generan y que no se tiran en contenedores apropiados son altamente contaminantes y agresivos con el medio ambiente. Todo ello se podría paliar con formación, concienciación y políticas públicas que obliguen a reciclar y reparar los impactos que se generan y podrían ser fácilmente remediados.

Los microempresarios, los autónomos, las mujeres y los jóvenes rurales son la base de la economía local y, por tanto, pueden ser un gran ejemplo de acciones pequeñas con un gran impacto, inspirando al municipio y a sus habitantes en la necesidad de una conciencia socioambiental fundamental para el desarrollo de los territorios.

Por otro lado, la pobreza general y la pobreza infantil no son necesariamente extremas, pero sí excluyentes, ya que vivimos en un mundo en el que dinero se ha convertido en primordial para vivir, con lo cual crear municipios y espacios rurales sostenibles en los que se trabaje en la generación de oportunidades para sus habitantes se convierte en un reto fundamental.

De igual manera, si lo vemos desde la necesidad imperiosa de las grandes urbes de disponer de comida y alimentos frescos, esto se convierte en grandes oportunidades para las poblaciones que convergen entre lo rural y lo urbano, pudiendo trabajar no solo en la generación primaria de alimentos, sino que también se puede trabajar en la creación de cadenas productivas y en la derivación de subproductos generados del producto primario. Estas acciones conectadas con acciones que despierten la curiosidad y la consolidación del turismo rural pueden ayudar a crear municipios y espacios rurales sostenibles y económicamente atractivos.

MERCEDES C. BELLOSO

viernes, 19 de julio de 2019

  • 19.7.19
Los sueños, las esperanzas, la familia, la educación, la cultura... son parte indivisible de un territorio. Los municipios son la parte político-administrativa de un territorio e, institucionalmente, son responsables de la aplicación de las normas y políticas que se aprueban a nivel nacional e regional, aunque es cierto que tienen cierta autonomía para aplicar y aprobar políticas públicas a nivel local. Por tanto, es en el municipio donde realmente se pueden erradicar las desigualdades y donde se puede llegar a una igualdad plena y efectiva.



Los municipios son el espacio más cercano a los ciudadanos, ya que es aquí donde viven y se desarrollan las personas. También en estos microespacios territoriales es donde  aprenden, se forman y se culturizan nuestros jóvenes.

Las limitaciones, los paradigmas, los efectos del micro y del macromachismo se dan en la vida cotidiana de los municipios, siendo más acuaciantes en los territorios más pequeños, pues este concepto se simplifica más conforme más pequeño es el municipio, dado que resulta más fácil de controlar lo que hacen y no hacen los vecinos.

Ello implica que las tradiciones, las formas obsoletas de ver las cosas, se multiplican por diez, siendo la crítica destructiva la que refiere el quehacer social de las pequeñas urbes. Sin embargo, el potencial de producir cambios es muy fuerte –e incluso sostenible–, ya que este acontecer urbano puede producir cambios sostenibles en el tiempo, desintegrando los estereotipos desde el aprendizaje por imitación.

La promoción del asociacionismo, sentar las bases de la igualdad de género, trabajar desde la cercanía, hacer que las Administraciones se conviertan en los inductores de la igualdad, son el punto de inflexión necesario para que comencemos a erradicar las desigualdades y a trabajar en las potencialidades de las personas, sin distinciones ni desigualdades.

Hasta ahora son las ciudades de medio y gran porte las que han generado y han sido protagonistas de los distintos movimientos y acciones dirigidas a concienciar en la necesidad imperativa de trabajar por la igualdad. Sin embargo, se hace necesario promover desde lo urbano y lo rural acciones que permitan perforar todas las fases inductoras de las desigualdades, concienciando a la ciudadanía de la necesidad de erradicar viejos conceptos desde el núcleo de la familia.

Son los rincones más recónditos de los municipios donde hay que trabajar para que las mujeres y las niñas puedan sentir una igualdad plena. Son muchos los municipios andaluces que, en pleno siglo XXI, sientan sus bases y creencias en estereotipos erróneos que fueron marcados a fuego.

De hecho, aún podemos apreciar muchas familias en las que ellas renuncian a todo para estar al cuidado de los hijos, teniendo el hombre el roll de traer el dinero a casa y visitar los bares populares de hombres después del trabajo, evitando participar de la educación ni de la vida de los hijos.

La cultura es una parte importante de nuestros pueblos y medios rurales, pero es cierto que en muchas ocasiones confundimos cultura con estereotipos y creencias erróneas que tienen su origen muchos siglos atrás. Ello limita a personas y familias, que sufren en silencio para no hacer público su sentir y, de esta forma, ser criticados y puestos en evidencia.

Trabajar con estos municipios, crear conceptos nuevos, construir una nueva mirada construida por todos y todas permitirá crear una mirada conjunta e territorial que identifique a cada espacio municipal como único y especial, donde se trabaje la igualdad de género, la integración, la transversalidad del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 5 y su capilaridad en todas las acciones del acontecer urbano de una forma más personalizada y adecuada a las necesidades y exigencias del territorio.

El ODS 5, que es la Igualdad de Género y la Agenda 2030, son herramientas que deben estar en la base del ordenamiento territorial y de la erradicación de las desigualdades, poniendo en la mirada de los territorios la necesidad de que se conciencie y actúe desde una perspectiva más igualitaria, incluyendo el género como un vértice fundamental y transversal de las políticas públicas y de los proyectos que se desarrollen en el territorio. Por lo tanto, son los municipios el ángulo y vértice indiscutible y necesario para el desarrollo y la aplicación de políticas y acciones firmes y contundentes en género e igualdad.

Estando en Brasil como asesora del movimiento municipalista latinoamericano, tuve la gran suerte de poder participar como consultora de un grupo humano para la construcción y la fundación del Movimiento de Mujeres Municipalitas de Brasil, que tiene entre sus objetivos promover la participación de las mujeres en la vida pública y política de sus municipios.

Este movimiento, con base en la Confederación Nacional de los Municipios de Brasil, es hoy día un modelo de buenas prácticas que ya tiene estadísticas municipales, en las que la participación de las mujeres en el acontecer municipal y rural ha crecido considerablemente, lo que pone de manifiesto la importancia de empoderar y trabajar con los municipios en la implementación de acciones que tengan como objetivo final las personas, sin dejar a nadie atrás.

En definitiva, si fortalecemos a las mujeres y a las niñas con programas, proyectos y políticas locales, estaremos trabajando para una Andalucía más justa y más equitativa para las personas.

MERCEDES C. BELLOSO

viernes, 12 de julio de 2019

  • 12.7.19
“El Estado centralista ha sido la causa principal del fracaso de todos los gobiernos españoles en lo que va de siglo”. Esta era una de las frases más celebres de Blas Infante que hablaban de descentralización y, en cierta medida, de municipalismo, una temática que aún cuesta entender. Y es que se ha considerado el municipio como el espacio más cercano a las necesidades y demandas de los ciudadanos, el lugar de fortalecimiento político para ganar las elecciones autonómicas y nacionales y no tanto como el espacio donde verdaderamente se pueden desarrollar políticas públicas por y para las personas.



El municipio es algo más que una palabra que representa una división territorial administrativa que forma parte de la organización de un Estado. El municipio es el lugar más cercano a los ciudadanos y a las personas. Es donde el acontecer de la vida cotidiana se desarrolla, donde las personas comparten y aprenden a ser a través de los otros; el municipio es donde la cultura se eleva a su mayor exponencial; es donde las personas sueñan, planifican y crean su familia. Es por ello que hoy queremos hablar de municipios y municipalismo.

El municipio se puede definir de muy diversas maneras pero yo me voy a centrar en lo humano del municipio y en cómo podrían trabajar las Administraciones bajo el paraguas de la Agenda 2030 para buscar soluciones que permitan que los municipios se conviertan en el centro del desarrollo y de la creación de empleo y de oportunidades de vida digna.

En ese caso, se aplicaría una de las partes esenciales de la Constitución Española de 1978, su Título I, que trata de los derechos y deberes fundamentales y que en su capítulo tercero establece los principios rectores de la política social y económica. Así, su Artículo 47 recoge que todos los españoles tenemos derecho a una vivienda y a trabajar desde los municipios para que la Norma Fundamental de la nación española sea aplicada de forma efectiva.

El movimiento municipalista pretende la descentralización no solo de la esfera económica, sino de la convivencia. De hecho, los municipios de España tienen mucha descentralización y autonomía, pero cabe decir que no la suficiente, ya que en muchas ocasiones se ven necesitados de las políticas regionales y nacionales, lo que les impide poder desarrollar todo su potencial.

Por supuesto, podemos hablar de lo económico desde el punto de vista de acciones y proyectos, que se ven abocados al reparto de recursos desde lo provincial y, en cierta medida, a las simpatías que genere el municipio y sus gobernantes.

Podemos definir que existen distintos municipios, dependiendo del volumen de habitantes. No tienen la misma fuerza los municipios pequeños que los grandes, lo que, en sentido estricto, no debería generar desigualdades. Éstas llegan, sin embargo, a la hora de pensar desde lo nacional en la representación de Administraciones públicas como puedan ser las oficinas de Empleo que, normalmente, se instalan en los municipios mayores.

Ejemplos como el anterior conllevan a que las personas que viven en municipios menores tengan que desplazarse para realizar ciertos trámites, a pesar de que cada día estamos más informatizados. Pero las máquinas fallan y eso hace que, irremediablemente, tengan que desplazarse.

Aparte, ¿están todos los ciudadanos lo suficientemente preparados para utilizar las nuevas tecnologías? Desde mi punto de vista, no y, por si fuera poco, ni las Administraciones ni los municipios disponen de personal que pueda orientar ni enseñar a manejar estos sistemas, lo que conduce a cierta discriminación hacia los denominados "analfabetos digitales".

Por otro lado, me gusta mucho hablar de la cercanía, de la importancia de los municipios, del territorio, como el lugar de convivencia, de diálogo y de búsqueda de soluciones; el espacio sociocultural donde las personas invierten su capital, tiempo y vida, esto es, el lugar donde las personas verdaderamente pueden crecer y cambiar.

Sin embargo, los municipios no están cumpliendo con esta misión política, ya que son muchas las acciones que se podrían desarrollar y no se hacen. El ejemplo más claro lo podemos tener en esas plazas, parques y espacios públicos en general que, cada cuatro años, se ven abocadas a nuevas obras porque son lugares de paso de los ciudadanos y cada partido que entra nuevo quiere dejar su huella y borrar la de las Administraciones anteriores, reformando plazas y lugares con el único objetivo de que los ciudadanos atribuyan dichas obras a tal o cual partido. A cambio de esta dinámica, se quedan muchas otras acciones necesarias sin realizar.

El municipio es el espacio donde verdaderamente se puede trabajar con el gran potencial de las personas. Para ello se hace necesario hacer partícipes a los ciudadanos de la toma de decisiones de las acciones que se van a realizar, pasando a ser el municipio, su Administración, un lugar abierto, transparente y donde todos y todas participen en sus decisiones y en su crecimiento.

La Agenda 2030 defiende la necesidad de “no dejar a nadie atrás”. Esto significa, en el amplio contexto de la palabra, que hay muchas cosas que cambiar en los municipios, que ya no basta con tener plazas bonitas, con tener festejos para que las personas se diviertan, con tener policía local cualificada que proteja a las personas...

Significa que precisamos cambiar e innovar. Traigamos a los ciudadanos a la gestión municipal, escuchemos lo que tienen que decirnos, gestionemos desde la diversidad, que es el mayor de los potenciales de nuestros pueblos de Andalucía, así como la multiculturalidad de esta sociedad. No tengamos en cuenta solo las macroeconomías que puedan venir a generar empleo: tengamos en cuenta las pequeñas economías de nuestros municipios, las que generan los autónomos, y trabajemos con todo el conjunto de ciudadanos por construir y crear el municipio, el territorio que queremos para nosotros y para ellos.

Traigamos a nuestros municipios, sedes académicas y cursos que atiendan la demanda del perfil económico-social de nuestros municipios; hagamos estudios y análisis de cuáles son los grandes potenciales de nuestro territorio junto con el sector empresarial y hagámoslo único y habitable, desde lo humano.

Es necesaria la creación de bolsas de emprendimiento, de espacios de diálogo público-privados, aceleradores sociales para sectores como las personas mayores, un gran desafío de los pueblos de España. Y, cómo no, generemos políticas de cercanía.

Está claro que las últimas elecciones, al igual que las anteriores, vienen proporcionando un mensaje muy claro: no queremos mayorías, queremos cercanía y queremos políticos que, junto con nosotros, nos ayuden a generar oportunidades para poder ofrecer calidad de vida a nuestras familias.

Llevamos mucho tiempo debatiendo sobre el despoblamiento, pues muchas personas abandonan las zonas rurales en España en busca de oportunidades. ¿Por qué no nos planteamos si hemos creado las suficientes oportunidades y, quizás, no hemos dialogado lo suficiente con los ciudadanos como para que juntos podamos crear nuevas formas de mantener nuestros pueblos llenos de vida?

Decía un escritor que conocía la realidad de España que “los poderes públicos y políticos de este país tienen la mala costumbre de ver siempre el lado que les interesa económicamente de una situación sin parar a ver el lado que podría ser pero que necesita de tiempo, dinero, confianza en los ciudadanos y esfuerzo”.

Creo que es necesario trabajar desde los municipios por la localización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Y es preciso hacerlo con valentía, con firmeza y teniendo claro que son necesarios cambios y reformas para incluir a las personas y sus necesidades en la planificación y en las políticas públicas territoriales, dejando de lado la ya obsoleta forma de pensar en la búsqueda de votos, para comenzar a pensar en el buen vivir y en la necesidad de crear municipios y sociedades fuertes, sostenibles y de oportunidades para las personas, que son quienes viven y disfrutan de todos los avances que se realizan en el municipio –en especial los jóvenes y las mujeres en los territorios rurales–.

Hablar, militar y trabajar el municipalismo significa trabajar por y para las personas. Aquí y ahora.

MERCEDES C. BELLOSO

viernes, 5 de julio de 2019

  • 5.7.19
El ser humano nació sin alas, por lo que la posibilidad de surcar los cielos no es posible por sí solo, no como hacen las aves más grandes y hermosas de la tierra o los pajaritos más pequeñitos y entrañables como el gorrión que, al ver su hábitat natural invadido por la llamada civilización, increíblemente se ha adaptado a vivir en las urbes e, incluso, ya existen muchas fotografías en Internet donde podemos verlo visitando las migas de comida de lujosos restaurantes.



Si bien es cierto que no tenemos alas, sí tenemos una mente privilegiada que nos permite volar con la imaginación, crear y, aunque sea duro decirlo, destruir con la misma fuerza con la que imaginamos y volamos. La vida cotidiana en la que vivimos inmersos es absorbente: nos inunda con su implacable contundencia, sumergiéndonos en la vorágine de la búsqueda, de seguir hacia delante sin dejar el ayer, sin nuestro consentimiento, lo que implica que nos deja poco espacio para otras cosas.

La implicación en temáticas más profundas es algo difícil, ya que nos abruman las miles de preocupaciones que se nos plantean desde nuestra posición en el mundo. Esta vida cotidiana, que bebe de las necesidades que nos han impuesto como son las de consumo, las de poseer bienes materiales sin que nunca sea suficiente lo que tenemos, nos sumerge en la tristeza.

Todo esto está unido a una incertidumbre que cada vez es más acuciante, lo que nos empuja hacia las dudas, el miedo y la casi obsesión por lo material y por el consumo desmedido. Todo este hastío y cansancio mental y físico nos lleva a buscar espacios de escape, para no pensar; espacios de inmovilidad, que nos permiten dejar temáticas más profundas para quienes cobran por ello.

Esto es preocupante porque lo que es de todos tenemos que cuidarlo juntos. Sin embargo, este círculo vicioso en el que nos encontramos nos lleva a que otros decidan nuestro futuro, por ello, estamos abocados a que esos otros u otras tomen decisiones por nosotros, lo que no siempre es positivo.

¿Se han preguntado alguna vez cómo se está especulando con lindos deportes que hablan de grupo, de unidad, de lucha compartida...?  Estamos en época estival de venta y compra de jugadores y podemos escuchar en las noticias que están vendiendo a tal o cual jugador por 15 millones para el club y 5 millones de euros al año para el jugador por un contrato de cuatro años. ¿De verdad una persona necesita tanto dinero? ¿Cuántos proyectos de reducción de la pobreza, de generación de empleo, de emprendimiento sostenible, de cambios productivos por otros más sostenibles, de formación y preparación de los medios rurales para hacerlos más atractivos y creando empleo para los jóvenes, para los jóvenes, se pueden ejecutar con 5 millones por año?

No creo que se pueda presumir de incentivar el deporte sano y la buena salud física y mental cuando se especula con tantos millones que podrían paliar parte del hambre en el mundo y mitigar los problemas de miles de familias en el mundo y cientos en España que viven con lo mínimo y que se ven todos los días invadidos de esa vida cotidiana que les dice "si no compras, no eres; si no tienes, no eres nada"; "lo mejor es tener y tener y tener". ¿O acaso no es eso lo que nos venden las televisiones con sus anuncios versados y estudiados al milímetro para atacar los sentimientos y sentidos de todos y todas?

Pero si algo tenemos los humanos es imaginación, ganas de superarnos y de buscar oportunidades y, como decíamos al principio, estamos dotados de una mente incomparable, que nos permite tener creatividad, soñar y volar y, sobre todo, buscar nuevas formas y modelos de vida que no sean tan invasivos con La Tierra y con la vida que hay en ella.

Ban Ki-moon,  ex secretario general de Naciones Unidas, decía que “lo rural puede vivir sin la ciudad, pero la ciudad y las grandes urbes necesitan de lo rural para seguir viviendo”. Por ello creemos que donde verdaderamente se pueden encontrar oportunidades es en el ámbito rural, en donde la simpleza se vuelve música, siendo necesario cohesionar lo rural con las nuevas tecnologías, con la innovación y con la calidad de vida.

Es necesario trabajar con los municipios y desde lo municipal, dotándolos de las herramientas necesarias para trabajar con los ciudadanos en la creación de oportunidades desde la transparencia, la cercanía y gobiernos municipales abiertos e participativos, dejando de lado las siglas partidistas, para trabajar desde lo cercano, con el pensamiento en que las mejoras que se hagan son para favorecer a tu vecino, pero también para favorecer la calidad de vida de todos los que habitan cada municipio.

La innovación social y la tecnología tienen que ir de la mano para crear oportunidades específicas para los sectores más desfavorecidos, por ello creemos que hay que trabajar con instrumentos y metodologías que permitan conocer y actuar de forma efectiva y eficiente en la erradicación de las brechas que han permitido llegar a situaciones insostenibles para una vida digna.

La lectura de la crisis económica y sus persistentes efectos nos deja importantes lecciones. Es necesario cambiar nuestro modelo productivo, hacer una profunda transformación ecológica de nuestra economía, asegurar que los beneficios del crecimiento económico redunden en menor pobreza y en mayor igualdad y asegurar los derechos humanos y nuestro Estado Social y de Derecho.

Por ello creemos que se hace necesario trabajar con la Agenda 2030 y con los objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) aprobados por Naciones Unidas y por los 193 países miembros en 2015. El logro de los ODS depende, más que nunca, de la habilidad de los actores locales, tanto públicos como privados y regionales, para promover un desarrollo territorial integrado, inclusivo y sostenible.

Como se subraya en el Informe de Síntesis del secretario general de la ONU, "muchas de las inversiones para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible tendrán lugar a nivel subnacionales y estarán dirigidas por las autoridades y líderes locales". Tratándose del nivel de gobierno más cercano a la población, los actores territoriales locales se encuentran bien posicionados para crear conciencia sobre la importancia de los ODS y su relevancia para las comunidades locales.

Los ODS son relevantes para la gente común de todo el mundo, en este caso de España y de Andalucía. Los ODS tocan temas que se encuentran directamente relacionados con la vida cotidiana de las personas, de los negocios rurales, incluso los retos vitales, como son la pobreza, la desigualdad de género, el cambio climático y la inseguridad, así como los bienes públicos como la educación, la salud, el agua, la energía, la calidad del aire, de la vivienda, y la conservación de los recursos naturales.

MERCEDES C. BELLOSO

miércoles, 26 de junio de 2019

  • 26.6.19
Escribir sobre feminismo, género e igualdad es muy difícil hoy día, ya que son muchos los entendidos en la temática que sienten que se profana su discurso cuando se abordan estas temáticas desde la humildad y desde la realidad del día a día que nos ha tocado vivir a muchas mujeres y niñas en todo el mundo. Son muchas las desigualdades que aún hay que abordar y que necesitan mano firme y dialogante para conseguir vislumbrar el camino hacia el que nos queremos dirigir.



Cuando se habla de igualdad, se estereotipan desde ese imaginario colectivo los miedos que se han ido forjando a lo largo de la trayectoria humana, en la que se construyó un sexo débil al que, además, se dotó de roles denigrantes, obligando a dormitar en un largo sueño las múltiples inteligencias de la mujer y sus capacidades.

Hoy en día, aún cargamos con todos esos miedos, que se ven más acuciados aún si cabe por las exigencias de los mercados, en los cuales la mujer, en muchas ocasiones, opta por imitar el rol de los hombres para, de esa forma, ser más aceptada en los núcleos en los que se mueve.

La lucha de muchas mujeres y hombres ha conseguido grandes avances, gracias a los cuales la mujer puede demostrar sus cualidades de la misma forma que los hombres. Pero aún queda mucho para romper con los miedos y dar paso a la igualdad efectiva, ya que, como bien sabemos todos y todas, las brechas salariales y las oportunidades laborales son muy desiguales entre ambos sexos, lo que hace que la mujer no llegue a alcanzar su autonomía plena.

El número de mujeres en España sigue siendo mayor que el de los hombres. En 2018, la población femenina fue mayoritaria, con 23.818.952 mujeres, lo que supone el 50,97 por ciento del total, frente a los 22.914.086 hombres que son el 49,03 por ciento. Así, España tiene una densidad de población media, de 92 habitantes por kilómetro cuadrado.

Sin embargo, en la lista de desempleo o en las estadísticas de ocupación se puede ver claramente que son las mujeres, con un casi 60 por ciento, las demandantes de empleo, incluso llegando al 70 por ciento en algunos casos. Estos datos vienen a reflejar la situación precaria por la que pasan muchas mujeres en nuestro país, lo que representa un hándicap para ser víctima de exclusión social y laboral. Estas mujeres se ven abocadas a trabajos en economía sumergida y una vida laboral denigrante, donde no es valorada.

Las estadísticas que existen en el Instituto Nacional de Empleo (INEM) son aún más graves si cabe. Y es que, si incluimos en nuestra búsqueda cuál es la situación de mujeres de más de 45 años en desempleo y que poseen estudios técnicos medios y formación inferior, casi el 70 por ciento de estas mujeres tiene serias dificultades para encontrar trabajo, lo que las lleva a situaciones extremas de pobreza y dependencia.

Una gran mayoría de mujeres en el mundo hacen trabajos no retribuidos, como son las labores del hogar, los cuidados de sus mayores, ayudar a los maridos en las labores del campo o en la pequeña empresa familiar, sin tener por esa contribución social y laboral que realizan ninguna prestación económica, ni reconocimiento institucional, lo que da lugar a mujeres cada vez más débiles y vulneradas. Un país, un territorio, una región que no cuida a sus mujeres –que son la mitad de su población– no es un país sostenible.

Pero, como decíamos al principio, sobre esta temática ya hay y seguirá habiendo mucha literatura y estudios que hablan sobre esta problemática y sobre la importancia de abordarla desde distintas perspectivas. Es por ello que yo no me quiero centrar en lo negativo y en lo desequilibrado de este problema para, por el contrario, centrarme en posibles soluciones, muchas de las cuales ya vienen de la mano de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de la Agenda 2030.

Trabajar con estos colectivos, brindarles la posibilidad de crecer y de buscar sus propias oportunidades es un eslabón importante que hay que abordar desde la cercanía. No se puede generar una mirada colectiva si no se trabaja con el conjunto del colectivo y se buscan las oportunidades de crecer de forma conjunta.

Innovación, tecnología, buenas prácticas, territorialidad aplicada a calidad de vida, vida digna, mismas oportunidades, emprendimientos, trabajar desde la cercanía de las familias representan una pequeña parte indisoluble de la sostenibilidad, del crecimiento como personas, de la igualdad de oportunidades y de la erradicación de las desigualdades.

La política es fundamental para conseguir un mundo más justo, sostenible y equitativo, pero aún son muy pocas las mujeres que centran su vida en el ámbito político dentro de algún partido, ya que son muchas las barreras que aún hoy, en pleno siglo XXI, nos quedan por romper.

Por ello es necesario dejar paso a las mujeres no solo como un número que represente listas paritarias, sino también desde la valía, el aporte y la representatividad de las necesidades de las mujeres y de ellas mismas, ya que las mujeres representan a la mitad de la población mundial.

Creo que en el siglo XXI tenemos que avanzar, tenemos que construir en el aquí y el ahora un futuro más inclusivo en el que mujeres y hombres caminen lado a lado. Es momento de que juntas y juntos rompamos estereotipos, que podamos cohesionar las distintas formas de ver la vida, de sentir la vida y de dar soluciones y respuestas a nuevos momentos.

Para poder llegar a este nuevo estadio, tenemos que actuar ahora, en este momento, cada cual en su pequeña o gran parcela de actuación, dando la voz a quienes durante tantos siglos fueron calladas, escuchando la voz de la experiencia de los que ya sufrieron, impulsando desde la visión y la energía de los y las jóvenes nuevas formas de hacer las cosas. Innovar en políticas públicas más firmes, sin miedos, con la firme convicción de que la vida humana no es posible sin mujeres y hombres.

La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenibles vienen a decirnos de forma clara y concisa que la igualdad es transversal: no hay una acción, una planificación, un país, un gobierno, una sociedad que pueda ser sostenible si no se trabaja desde la perspectiva de género; si no se trabaja desde la creación de políticas públicas inclusivas que traten a hombres y mujeres de forma igualitaria.

La erradicación de las desigualdades, poner fin a la pobreza, tener un sistema sanitario de calidad, disfrutar de calidad de vida, cuidar de nuestro planeta... son deberes que tenemos pendientes y que tenemos que trabajar con la mirada puesta en la igualdad y en la transversalidad. Un mundo mejor es posible: y ese mundo es el que ya nos marca la Agenda 2030, sin dejar a nadie detrás.

MERCEDES C. BELLOSO

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