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viernes, 5 de agosto de 2022

  • 5.8.22
El conocimiento humano y, por lo tanto, su aprendizaje son procesos complejos en los que intervienen diferentes facultades. Para informarnos de los significados de los objetos y para interpretar los episodios que forman parte de nuestras vidas necesitamos ejercitar todas nuestras capacidades sensitivas, imaginativas, emocionales y racionales.


Sí, es indispensable que usemos la vista, el olfato, el oído, el gusto y el tacto. Como afirma Antonio Machado: “Hay que tener los ojos muy abiertos para ver las cosas como son; aún más abiertos para verlas otras de las que son; más abiertos todavía para verlas mejores de lo que son”. Me atrevo a decir que, sin el uso adecuado de los sentidos, no es posible que funcione ni la imaginación, ni el sentimiento, ni la inteligencia.

En El arte y la creación de la mente (Barcelona, Paidós, 2022), su autor, Elliot W. Eisner, nos explica el papel de las artes en la transformación de la conciencia y cómo el cultivo de las artes orienta –y a veces determina– nuestra comprensión de los episodios cotidianos.

¿Por qué y para qué? Porque “refina nuestros sentidos” para aumentar nuestra capacidad de experimentar el mundo en el que habitamos y “para que podamos imaginar lo que realmente no podemos ver, saborear, tocar, oír u oler”. Nos explica con claridad cómo la imaginación es una forma de pensamiento que “engendra imágenes de lo posible y que también desempeña una función cognitiva de importancia fundamental”.

Oportuna, a mi juicio, es su detallada explicación de los principios, criterios y pautas que hemos de seguir con el fin de determinar los objetivos, la metodología y los usos educativos de la evaluación en la enseñanza efectiva de las artes plásticas, y especialmente oportuna, en mi opinión, es su detallada descripción de los beneficios que proporciona a los alumnos y a los profesores la enseñanza artística.

Elliot W. Eisner, profesor de arte de la Universidad de Standfort, parte del supuesto de que todas las formas poseen cualidades que expresan o suscitan sentimientos o emociones y de que todas ellas se someten –o se pueden someter– al control inteligente de la experiencia y de la técnica.

Explica con detalle y con claridad cómo, si para ver es imprescindible aprender a ver, el arte es un cauce directo para educar el gusto y para orientar la vista y los demás sentidos: “Las artes nos invitan a prestar atención a las cualidades de lo que oímos, vemos, saboreamos y palpamos para poderlo experimentar”.

A mi juicio, es una obra oportuna y válida para que los docentes de las diferentes disciplinas científicas, humanas y artísticas revisemos algunas de nuestras teorías y prácticas pedagógicas y para que nos preguntemos si es conveniente y necesario adoptar algunas de estas ideas.

JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ GUERRERO

GRUPO PÉREZ BARQUERO


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