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sábado, 14 de diciembre de 2019

  • 14.12.19
La Real Academia Española, esa que "limpia, fija y da esplendor", define el término feminismo como "principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre". Hoy en día, en el momento de la posverdad –es decir, de las noticias falsas sin ningún tipo de contraste– hay mucha incultura. Hay muchas mujeres y hombres que utilizan las palabras "feminismo" o "feminista" como un insulto, como algo radical.



El feminismo nace porque no hay igualdad real entre hombres y mujeres, porque aún no tienen los mismos derechos, porque hay mucha creencia de la superioridad del humano macho sobre el femenino; porque aún hay gente que se empeña en dividir los roles como si los hombres fueran iguales por su lado y las mujeres fuéramos todas iguales también. Cada ser humano tiene un ADN diferente y esto es suficiente para que no se generalice, porque "somos únicos e irrebatibles" cada uno de nosotros.

Hay mujeres con fortaleza física; hay hombres que no la tienen. Hay hombres sensibles y mujeres insensibles. Existe solo la persona. Cada uno de nosotros tiene unos gustos, unos deseos, unas aspiraciones y unas fortalezas.

Una mujer puede ser militar, policía, bombera, minera, jefa, presidenta o lo que desee. Un hombre puede ser comadrón, profesor de guardería, peluquero de señoras, asistente social, limpiador, bailarín de danza clásica y todo lo que él quiera. La frontera entre lo masculino y lo femenino ha hecho mucho daño.

Un hombre heterosexual puede llorar viendo películas románticas y un hombre homosexual puede ser boxeador. Una mujer puede ser árbitro sin ser lesbiana y una mujer que ama a otra mujer puede ser modelo, diseñadora, ser lo que se cataloga como "muy femenina" o reina de la fiesta. No hay nada genuinamente masculino o femenino. Todo se mezcla y todos tenemos una parte de cada lado. Y ninguna es mejor o peor.

Cuando se habla de "machismo" no se habla de un antónimo, no es "lo contrario". Para la RAE es "actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres", es decir, una creencia de que el hombre es superior a las mujeres, mientras que el feminismo no cree que la mujer sea superior a nadie.

Otra falsa creencia es que el machismo está en la mente de los hombres: nada más lejos de la realidad. El machismo se perpetúa porque hay muchas mujeres machistas. Mujeres que educan a hijos e hijas de distinta manera. La niña hace cosas de la casa, el niño no.

Mujeres que tienen miedo a elegir por sí mismas y creen que todas las mujeres necesitamos un varón, sea tu padre o tu marido, para que nos guíe y nos diga qué hacer, para que nos salve –no sabemos de qué–. Esas son las que más critican a las que queremos una pareja en igualdad, donde ambos trabajemos, cocinemos, nos cuidemos y tiremos del otro en los bajos momentos sin sentirnos mal por ello.

Por otro lado, hay hombres feministas, hombres que creen en la igualdad sin importar cuál sea su tendencia sexual. Hombres que han luchado con nosotras para que podamos votar, para que seamos capaces de firmar contratos –hasta 1981 no lo fuimos– , para que elijamos qué estudiar y cuál va a ser nuestra profesión. Hombres que nos quieren para remar juntos por el río de la vida.

Dejen ya de creerse que insultan con la palabra "feminista". No nos insulta ni a hombres, ni a mujeres. Y lo mejor de todo es que todos los derechos que consigamos serán para todas las mujeres, aunque haya algunas que sean machistas.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

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