La Agrupación de Producción Integrada (API) ha alertado del riesgo que entraña el oídio en los viñedos de Montilla-Moriles. Y lo ha hecho en el último boletín emitido por el Aula de Viticultura del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles, coincidiendo con una fase especialmente sensible del viñedo.
La ingeniera agrónoma Ángela Portero, responsable del Aula de Viticultura del Consejo Regulador, reconoce que “nos encontramos entre el tamaño guisante de la uva y el cerramiento del racimo, un momento crítico y muy sensible para la vid”, si bien resalta que "el nivel de ataque de oídio en esta campaña es medio".
En efecto, los viticultores del marco vitivinícola cordobés afrontan estas semanas un momento clave para la sanidad del viñedo. En el caso del oídio —una enfermedad criptogámica provocada por la especie Erysiphe necator, que se conoce popularmente como “blanquilla” o “cenicilla” y que ataca especialmente los pámpanos y los tallos más jóvenes de las cepas—, los momentos más sensibles coinciden cuando los brotes alcanzan los 10 centímetros, en el inicio de floración.
Por ello, el Aula de Viticultura recomienda el uso de productos penetrantes en pulverización en aquellas parcelas donde resulte necesario. Con todo, la estrategia planteada por el Consejo Regulador anima a los viticultores a intervenir de forma general en esta fase fenológica de la uva, especialmente para proteger el racimo en un momento de gran sensibilidad.
El boletín del Aula de Viticultura dedica una atención específica al empleo de azufre en polvo, un tratamiento tradicional en el viñedo que, este año, se ha visto condicionado por las temperaturas elevadas y por el riesgo de quemaduras. Ángela Portero recuerda que "el siglo XXI ha traído tres cambios con respecto al uso del azufre en los viñedos: el paso de las cepas de cabeza a la espaldera, la implantación de las nuevas máquinas de espolvoreo y, sobre todo, el cambio climático, con olas de calor más frecuentes que han obligado a modificar el manejo de las fincas para evitar daños en la vegetación".
En lo que respecta al mildiu, el Aula de Viticultura sostiene que "el peligro ya ha pasado", dado que los viñedos presentan "una presión muy inferior a la registrada el pasado año". De igual modo, el boletín precisa que tratar después de la aparición de manchas visibles o fuera de los periodos más críticos "resulta ineficaz para el control del hongo".
Con todo, los técnicos del Aula de Viticultura han observado en algunos pagos de la zona Montilla-Moriles algunas manchas en hojas, pequeños ataques en los racimos y daños en el mismo tiempo que el corrimiento de flor, una circunstancia que recomienda vigilar en el campo para diferenciar correctamente los síntomas y evitar confusiones.
De igual modo, el Aula de Viticultura alerta de la presencia de esfíngido, un insecto polífago cuyas mariposas migran desde África en primavera y realizan puestas en los viñedos y en otros cultivos. "Sus grandes orugas devoran hojas de forma localizada y puntual durante la primavera, y se identifican por un característico cuerno abdominal", detalla Ángela Portero, quien avanza que "la siguiente generación en viñedo se localizará más al norte", aunque aconseja mantener la vigilancia en estas semanas.
Además, el Aula de Viticultura señala que se está observando en varios pagos de la comarca el corrimiento en racimos, un defecto de cuajado que provoca pérdida de bayas en floración y que está causado por un factor fisiológico. "Se trata de un fenómeno típico que da lugar a racimos excesivamente sueltos, con más o menos uvas perdigoneras y una baja densidad de uvas, un aspecto que puede apreciarse con claridad en algunos racimos en esta fase del ciclo", apunta la ingeniera agrónoma montillana.
Por otro lado, el boletín también advierte sobre síntomas de carencias derivados del lavado de nutrientes por exceso de lluvia, que arrastra el nitrógeno, el magnesio y el boro, entre otros elementos, dejándolos fuera del alcance de las raíces. "Esta situación obliga a la cepa a vaciar nutrientes de las hojas viejas para alimentar las partes nuevas y el racimo, lo que provoca el amarillamiento de las hojas de base del interior de la cepa y problemas en el cuaje", apunta Ángela Portero.
Al respecto, el Aula de Viticultura recomienda corregir esta situación con aplicaciones o tratamientos nutricionales específicos. "La observación de hojas amarillentas, envejecidas o debilitadas en el interior de la planta funciona, en este caso, como una señal de alerta para interpretar el estado nutricional de la cepa tras un periodo de lluvias abundantes", añade la técnica montillana.
La ingeniera agrónoma Ángela Portero, responsable del Aula de Viticultura del Consejo Regulador, reconoce que “nos encontramos entre el tamaño guisante de la uva y el cerramiento del racimo, un momento crítico y muy sensible para la vid”, si bien resalta que "el nivel de ataque de oídio en esta campaña es medio".
En efecto, los viticultores del marco vitivinícola cordobés afrontan estas semanas un momento clave para la sanidad del viñedo. En el caso del oídio —una enfermedad criptogámica provocada por la especie Erysiphe necator, que se conoce popularmente como “blanquilla” o “cenicilla” y que ataca especialmente los pámpanos y los tallos más jóvenes de las cepas—, los momentos más sensibles coinciden cuando los brotes alcanzan los 10 centímetros, en el inicio de floración.
Por ello, el Aula de Viticultura recomienda el uso de productos penetrantes en pulverización en aquellas parcelas donde resulte necesario. Con todo, la estrategia planteada por el Consejo Regulador anima a los viticultores a intervenir de forma general en esta fase fenológica de la uva, especialmente para proteger el racimo en un momento de gran sensibilidad.
El boletín del Aula de Viticultura dedica una atención específica al empleo de azufre en polvo, un tratamiento tradicional en el viñedo que, este año, se ha visto condicionado por las temperaturas elevadas y por el riesgo de quemaduras. Ángela Portero recuerda que "el siglo XXI ha traído tres cambios con respecto al uso del azufre en los viñedos: el paso de las cepas de cabeza a la espaldera, la implantación de las nuevas máquinas de espolvoreo y, sobre todo, el cambio climático, con olas de calor más frecuentes que han obligado a modificar el manejo de las fincas para evitar daños en la vegetación".
En lo que respecta al mildiu, el Aula de Viticultura sostiene que "el peligro ya ha pasado", dado que los viñedos presentan "una presión muy inferior a la registrada el pasado año". De igual modo, el boletín precisa que tratar después de la aparición de manchas visibles o fuera de los periodos más críticos "resulta ineficaz para el control del hongo".
Con todo, los técnicos del Aula de Viticultura han observado en algunos pagos de la zona Montilla-Moriles algunas manchas en hojas, pequeños ataques en los racimos y daños en el mismo tiempo que el corrimiento de flor, una circunstancia que recomienda vigilar en el campo para diferenciar correctamente los síntomas y evitar confusiones.
De igual modo, el Aula de Viticultura alerta de la presencia de esfíngido, un insecto polífago cuyas mariposas migran desde África en primavera y realizan puestas en los viñedos y en otros cultivos. "Sus grandes orugas devoran hojas de forma localizada y puntual durante la primavera, y se identifican por un característico cuerno abdominal", detalla Ángela Portero, quien avanza que "la siguiente generación en viñedo se localizará más al norte", aunque aconseja mantener la vigilancia en estas semanas.
Además, el Aula de Viticultura señala que se está observando en varios pagos de la comarca el corrimiento en racimos, un defecto de cuajado que provoca pérdida de bayas en floración y que está causado por un factor fisiológico. "Se trata de un fenómeno típico que da lugar a racimos excesivamente sueltos, con más o menos uvas perdigoneras y una baja densidad de uvas, un aspecto que puede apreciarse con claridad en algunos racimos en esta fase del ciclo", apunta la ingeniera agrónoma montillana.
Por otro lado, el boletín también advierte sobre síntomas de carencias derivados del lavado de nutrientes por exceso de lluvia, que arrastra el nitrógeno, el magnesio y el boro, entre otros elementos, dejándolos fuera del alcance de las raíces. "Esta situación obliga a la cepa a vaciar nutrientes de las hojas viejas para alimentar las partes nuevas y el racimo, lo que provoca el amarillamiento de las hojas de base del interior de la cepa y problemas en el cuaje", apunta Ángela Portero.
Al respecto, el Aula de Viticultura recomienda corregir esta situación con aplicaciones o tratamientos nutricionales específicos. "La observación de hojas amarillentas, envejecidas o debilitadas en el interior de la planta funciona, en este caso, como una señal de alerta para interpretar el estado nutricional de la cepa tras un periodo de lluvias abundantes", añade la técnica montillana.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR (ARCHIVO)
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR (ARCHIVO)






























