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Ángel Fernández Millán | Las dehesas andaluzas, frontera de la desertización

El cambio climático es el principal desafío de las dehesas andaluzas, que tienen 1,2 millones de hectáreas (27% de la superficie agraria regional) y son la primera frontera frente a la desertización que avanza desde la orilla sur del Mediterráneo. Esta ha sido la conclusión más importante del I Encuentro Reserva de la Biosfera Dehesas de Sierra Morena, celebrado el pasado miércoles, 27 de abril, en el Centro de Interpretación "Ribera del Cala" en la localidad sevillana de El Real de la Jara, en el Parque Natural Sierra Norte.


Medio centenar de personas entre ponentes y representantes de todos los sectores implicados debatieron de la mañana a la tarde sobre las buenas prácticas que se deben aplicar con urgencia para conservar y potenciar este vital ecosistema presente en un centenar de municipios andaluces en los que ocupan más de la cuarta parte de sus territorios con tan solo el 2,9 por ciento de su población, en torno a 250.000 habitantes.

Como suele ocurrir en estos encuentros, el debate más animado se produjo en la mesa redonda de clausura, donde afloraron los conflictos de intereses que se entrecruzan en el medio rural y que, de manera más o menos subliminal, ya se adivinaban desde la mañana.

Artur Lagartinho, líder del proyecto transfronterizo europeo Life Montado-Adapt y miembro de la Asociación de Defensa del Patrimonio de Mértola (ADPM) de Portugal, invitó a participar en la plataforma para adaptar las dehesas (montados, en portugués) a las consecuencias del cambio climático: aumento de las temperaturas, reducción y concentración de las precipitaciones e incremento de los fenómenos extremos (lluvias intensas y olas de calor).

María Dolores Carbonero Muñoz, investigadora y dinamizadora del centro del IFAPA en Hinojosa del Duque (Córdoba), presentó un valioso Decálogo para la gestión de la Dehesa en el contexto actual y María Luisa Sillero Almazán, coordinadora del Equipo de Diagnóstico de la Seca de la Agencia de Medio Ambiente y Agua, hizo balance de los cerca de cuatrocientos asesoramientos realizados a agricultores afectados por esta enfermedad de las encinas y los alcornoques de las dehesas.

La presidenta de la Fundación Monte Mediterráneo, la alemana Ernestine Lüdeke, que gestiona de manera ejemplar la Dehesa San Francisco en el término onubense de Santa Olalla del Cala, desgranó las ventajas de su experiencia, que incorpora todas las dimensiones posibles de una explotación agroganadera ecológica. La exposición nos dejó con el deseo de visitar esta dehesa cuanto antes.


Esta crónica apresurada estaría incompleta si olvidara que el director del Parque Natural Sierra Norte, Vicente Castaño, moderó con habilidad los debates y salió bien parado de los reproches dirigidos a la Junta de Andalucía y al Ministerio de Agricultura, las administraciones públicas implicadas.

Desde mi visión periodística constructiva tengo que mencionar a todos los que participaron con aportaciones muy positivas, como María del Monte Orodea, de la Asociación Somos Sierra Norte; Diego Durán, de la Asociación Forestal Sierra de Aracena; José Manuel Castillejo Falcón, de la Cooperativa CorSevilla y José Ramón Guzmán, del proyecto Life Bio-Dehesa.

De todo hubo en la “dehesa del señor” que manifestó su escepticismo sobre el cambio climático y afirmó que en su finca no entraba ningún inspector salvo con una orden judicial y el apoyo de la Guardia Civil, un botón de muestra de la intransigencia decimonónica que aún persiste en el campo en pleno siglo XXI.

ÁNGEL FERNÁNDEZ MILLÁN
FOTOGRAFÍAS: J.P. BELLIDO / ÁNGEL FERNÁNDEZ MILLÁN
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