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lunes, 1 de octubre de 2018

  • 1.10.18
Najat El Hachmi nació en Beni Sidel (Marruecos) en 1979. A los ocho años se trasladó a Vic, ciudad donde se crió. Estudió Filología Árabe en la Universidad de Barcelona y ha sido mediadora cultural en Vic y técnica de acogida en Granollers. En 2004, publicó su primer libro, Jo també sóc catalana (Yo también soy catalana).



Ahora publica Madre de leche y miel, donde la autora retrata en primera persona la vida de Fátima, una mujer del Rif que deja a su familia para viajar sola con su hija a Cataluña. La novela es un retrato que muestra la realidad profusa y el conflicto emocional de la madre inmigrante.

—“Ay, hermanas mías, no queráis nunca la suerte de los emigrantes; por muchos milagros y maravillas que os cuenten…”. ¿La vida fue tan dura?

—Bueno, hay mucho desarraigo, mucha añoranza y muchos miedos. También hay cambios muy apasionantes.

—En su novela, Fátima abandona el Rif con su hija y con la masa madre para hacer pan para emigrar a Cataluña. ¿Novela autobiográfica o la ficción también se impone?

—Es una ficción, es una novela que debe muchísimo de lo que conozco, pero es una historia, inventada en parte o no, pero eso ya es secreto profesional (ríe).

—El libro está articulado como un relato oral en el que Fátima narra, a su vuelta, a sus hermanas todo lo que ha vivido. ¿La oralidad cobra un peso específico en la cultura del Rif?

—La oralidad es la literatura, es la forma que tiene la literatura en el Rif. Es una lengua oral básicamente y, para mí, es una de mis raíces literarias esa oralidad.

—Su madre, personificada en Fátima, huye de un entorno social donde las mujeres tienen muy poco que decir. Primero, sometidas al padre. Después, al marido. ¿El paso del tiempo logra romper supersticiones, analfabetismo, cambiar una estructura familiar que parece inalterable?

—Yo creo que el paso del tiempo lo que permite es reflexionar más globalmente sobre esas estructuras tan injustas para mujeres que, en otros momentos vitales, cuando se es más joven a lo mejor cuesta más entender que eso es una injusticia estructural, no una injusticia particular.

—¿De dónde les viene a las mujeres de su tierra esa fuerza, esa capacidad para sobreponerse a tantas dificultades, a un destino maltrecho?

—Pues no lo sé, pero yo creo que son de las mujeres más fuertes que he conocido nunca, porque trabajan dentro o fuera de casa, sobrellevando, bueno, todo un mundo de mucha dureza y al mismo tiempo siguen disfrutando de la vida. Que eso es algo también importante, ¿no?, para trasmitir a los hijos.

—En su novela, los personajes femeninos –hija, madre, abuela, hermana, cuñada– merecen el máximo protagonismo. Pero los hombres quedan relegados a un segundo plano. ¿Ajustando cuentas?

—No. Pero es que los hombres ya han sido protagonistas de casi todo lo escrito. Entonces, yo creo que falta darles un espacio a este tipo de mujeres que nunca han sido personajes principales. Siempre han sido personajes secundarios.

—Para usted la palabra “extranjera” es un término duro. Extranjera no solo en un país ajeno. A veces, también en la propia casa. ¿Tanto condiciona el origen del ser humano que ensombrece el futuro?

—Bueno, la condición de extranjería depende del lugar que uno ocupa en una sociedad y, en la sociedad de la que yo vengo, la mujer ocupa un lugar secundario. Que seas extranjera solo por el hecho nacer mujer, no por el hecho de haber emigrado.

—El libro habla sobre todo de amor maternal, la lucha por dar lo mejor a un hijo. ¿Tanto pesa la familia en la estructura social del Rif?

—La familia es la estructura básica del Rif y yo creo que de Marruecos en general. Es la estructura más importante que hay, más importante incluso que la pareja.

—Dedica el libro a su madre que, sin saber leer, le enseñó a escribir.

—Porque mi madre es una gran narradora y, escuchándola, yo creo que empecé a pensar sobre el proceso de escritura y, mucho más tarde, cuando ya pude leer literatura, me di cuenta de que ella hacía literatura también.

—El libro habla de aquella primera generación de inmigrantes a la que perteneció su madre. Mujeres que traían consigo una carga de sufrimiento indescriptible. La segunda generación, la suya, ¿a qué mundo pertenece? ¿O viven en un mundo propio?

—Depende de cada uno. Podemos estar entre los dos mundos, lo que a veces puede ser no estar en ningún lugar. O podemos estar creando un tercer espacio distinto.

—Afirma que el Rif es un lugar deliberadamente maltratado por el rey Hassan. ¿Por qué lo dice?

—Bueno, por los hechos históricos, que están demostrados, por la represión, por la falta de inversión en la zona durante décadas, por el abandono de la zona, abandono deliberado, y por un maltrato que creo que está suficientemente documentado.

—Lo que narra en su novela lo ha recuperado de los relatos orales de las mujeres y de la poesía. ¿La televisión, las redes sociales, el mundo global al que vamos o en el que estamos modificará aquella otra vida que vivió su madre?

—Bueno, la vida que vivió mi madre ya no existe. La realidad ya es otra. ¿no?, pero para mí era importante indagar en ese origen para entender muchas de las cosas del presente, porque sin memoria no se puede entender. Aunque haya nuevas tecnologías y nuevas formas de contarse las cosas, las normas que nos determinan, muchas veces, son las mismas, aunque tengan otras formas de propagarse.

—Ha escrito este libro para reconciliarse con el mundo, “para no tener rabia contra nadie”. ¿Qué escribe ahora?

—¿Qué escribo ahora? Bueno, yo escribo un poco para entender el lugar que me ha tocado vivir, como este espacio que, a veces, está lleno de contradicciones y requiere hacer una indagación en profundidad para poder comprender simplemente, y para poder narrarlo también, que esto también forma parte de lo que es la sociedad aquí, ¿no? Entonces, creo que hay también, digamos, una intención de aportar también otro punto de vista.

—¿Y ahora qué escribe?

— Lo que estoy escribiendo ahora no sé qué forma acabará teniendo.

—El machismo es universal, pero en cada lugar se manifiesta de manera diferente. ¿Cómo vive en España este tema?

—Yo me siento partícipe de esa lucha igual que cualquier otra compañera y, sobre todo, pensando en mi hija que está viviendo en esta sociedad y que es parte de esta sociedad, no sé si me sorprende pero me indigna mucho que algunos tipos de machismo sigan siendo tan vigentes incluso en una sociedad en la que a nivel legal, en principio, no existe la discriminación. Creo que hace falta más educación feminista.

—Fátima dice: “Somos del lugar de donde son nuestros hijos”. ¿De dónde es usted?

—Yo, con los años, he comprendido que soy de las personas que quiero y que me quieren.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

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